CLICK HERE FOR THOUSANDS OF FREE BLOGGER TEMPLATES »
Mostrando entradas con la etiqueta ANTES -DURANTE. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ANTES -DURANTE. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de febrero de 2008

ANTES Y DURANTE DE CENTROS EDUCATIVOS:

ANTES Y DURANTE DE CENTROS EDUCATIVOS:

La Constitución reconoce la participación del alumnado, de las familias, del profesorado..., en el control y gestión de todos los centros sostenidos con fondos públicos. Las leyes y normativas desarrollan el derecho a la participación como un instrumento válido, pero la falta de preparación, de medios, la poca tradición participativa, el escaso interés de las instituciones, hace que la realidad no responda a las expectativas creadas y que en la actualidad exista poca participación a todos los niveles y en todos los sectores.


La LOPEG tampoco aportó novedades, al menos de avance. El contenido no planteó ningún cambio con la situación anterior y se limitó a recordar la necesidad de la participación y los mecanismos que se habían establecido para canalizarla.


Ante esta situación en la que el marco institucional existe, pero en la que que la participación no puede desarrollarse en el vacío, solamente con intenciones, en la que la participación es más formal que real, resulta imprescindible tener en cuenta los condicionantes sociales y educativos que dificultan o favorecen la participación. A la vez, hay que definir los cambios necesarios, llevando a la práctica los que estén en nuestras manos y reivindicando aquellos que nos trascienden, generando en uno y otro caso una profundización de los procesos participativos.


El contexto en el que en la actualidad estamos inmersos, corresponde a un modelo social que lleva implícito en su definición la participación, que da cabida a todo tipo de colectivos, organizaciones y movimientos, pero que paradójicamente puede anular la participación real. Nos referimos a que aún existiendo esa posibilidad, hoy la sociedad se caracteriza por la ausencia de movilización y escasa conciencia alternativa, que no enfrenta problemas profundos y conflictivos que requerirían extensas transformaciones sociales y culturales. ¿Por qué?.


Algunas razones serían: el modelo social imperante con unos grupos sociales reducidos que toman las decisiones importantes, hace que el modelo de sociedad participativa, donde los individuos son los verdaderos protagonistas en la toma decisiones de forma consensuada sea algo marginal, y la ciudadanía se convierta en ejecutora pasiva de las directrices trazadas por otros. La similitud con la forma de producción y el trabajo desarrollado por la mayor parte de los miembros de la comunidad no facilita el reparto de tareas y responsabilidades. Cada miembro, en los distintos espacios en que se relaciona, lo hace con conciencia individual y no colectiva. La falta de intereses comunes y la singularidad en el futuro lleva a la competitividad, se lucha por una situación de mayor bienestar y mejor puesto en la escala social, que sólo puede ser ocupada por un número limitado de personas, las demás son competidoras por un puesto y nunca colaboradoras en busca de una situación común mejor.


Los centros educativos tienen ante sí restos ineludibles que permitan avanzar hacia una auténtica participación y gestión democrática:


· Es preciso incentivar y estimular la participación en todos los sectores, ofreciendo espacios de participación real, en los cuales los diversos componentes de la comunidad educativa puedan ver recogidas las expectativas de calidad que tienen respecto a la educación.


· Si se considera el aprendizaje como un proceso social de reconstrucción del pensamiento personal, la participación adquiere una importancia capital difícilmente separable del hecho de aprender; el aprendizaje es personal, pero el proceso es fundamentalmente social, fruto de la cooperación y de la interacción. Debe vivirse una cultura de la participación, la cual ha de generar educación como responsabilidad conjunta de padres, madres y las diversas estructuras de un centro.


· El centro solamente educa cuando se organiza como una unidad de convivencia, cuando el alumnado se encuentra rodeado de un contexto en el cual se vive la democracia y el respeto al otro. La participación ha de ser un principio regulador del aprendizaje, impregnando todas las áreas del currículum.


· Se ha de favorecer la participación en todos los niveles de decisión. El ámbito de participación no tiene límites.


· La participación no puede ir dirigida sólo a un sector de la población:


-debe trabajar de tal manera que dé cabida a la diversidad de las personas implicadas; hoy, ciertas características que pudieran significar diversidad, se convierten en elementos de desigualdad y discriminación (formas de pensamiento no deductivas, culturas diferentes...), por lo que hay que cambiar los mecanismos que lo provocan.


-Simultáneamente, ha de buscar la igualdad de posibilidades ante la intervención social. Dado que partimos de una situación de desigualdad social y de poder, esto implica potenciar a quienes están en mayor situación de dominación (por sesgos étnicos, socioeconómicos, de género...).
El Consejo escolar (C.E.) es el máximo órgano de gobierno del centro que concreta las actuaciones de gestión y ejecución, de coordinación y de evaluación. Por lo tanto, la participación en los C.E. ha de implicar la colaboración y la corresponsabilidad de todos los sectores.


Sin embargo, la realidad muestra que:
. necesita más capacidad de actuación y, por lo tanto, disponer de competencias reales, de tal forma que sus decisiones se tengan en cuenta y sean respetadas por las administraciones.


· ha de tener una vinculación directa con sus representados para alejarse de la burocratización y la poca funcionalidad. La desconexión entre el C.E. y la comunidad educativa comporta una falta de identificación con el máximo órgano de gobierno del centro.


. ha de buscar formas de trabajo con temáticas concretas, agrupando el amplio espectro de competencias que tiene, a fin de facilitar la participación eficaz de sus miembros.
existe un desequilibrio en la representatividad: ¿haría falta equiparar al sector de profesorado con el resto de representantes?


Conseguir una participación efectiva por parte de todos los sectores de la comunidad educativa precisa avanzar hacia la simplificación de las estructuras de participación y de decisión. Para ello, el fomento y la institucionalización de estructuras intermedias de participación de los diferentes sectores, que permitan un primer debate y análisis en profundidad de los temas a tratar en el Consejo, puede ser una vía de desarrollo de la cultura de la participación en el centro educativo; estructuras que por otra parte, actualmente, sólo dispone el sector del profesorado con las reuniones de nivel, etapa, ciclos, seminarios, departamento, claustro..., etc. No obstante es importante la potenciación de las estructuras actuales ya reguladas.


La participación del alumnado en los Consejos Escolares, después de tanto tiempo funcionando, es un ejemplo de participación formal y no real: es simbólica, no tienen posibilidades reales de participar en la toma de decisiones ni canales para que pueda surgir; la imposibilidad de influir en la toma de decisiones incluso sobre asuntos que les afectan directamente frena la motivación y es un obstáculo para aprender a participar. A este comentario habría que añadir, los condicionantes sociales que favorece un modelo de comportamiento, de compromiso y no otros
En una sociedad democrática la escuela ha de dotar al alumnado de instrumentos que les ayuden a conocer las diferentes visiones y opciones y les ha de proporcionar progresivamente la metodología para analizar la realidad social, con la que poder transformarla desde comportamientos conscientes y autónomos.


La participación se convierte, pues, en un objetivo, un proceso y un contenido.
Como objetivo a conseguir, debe planificarse como tal y, por tanto, tener sus espacios y tiempos en la vida del centro y en la dinámica cotidiana del aula. También es un proceso (no puede ser de otra manera), y como tal tiene que ser continuo y mantenido en el tiempo para que pueda crecer y madurar. A participar se aprende participando, desde los niveles más elementales a otros más complejos.


Sin embargo, y esto no siempre se tiene en cuenta, se convierte también en un contenido a trabajar: la participación forma parte de la vida ciudadana y por tanto es una contenido más a incluir. Para desarrollarla, se deben tener una serie de conocimientos, es necesario dominar unas habilidades y se relaciona con ciertas actitudes.


Elegir la participación como un "eje” educativo implica el desarrollo de (en todas las personas implicadas y a diferentes niveles según la edad):


· En relación con las actitudes: suficiente grado de autoestima y de autoconfianza para intervenir, respeto a otras personas, implicación en el entorno social y su problemática, sentido crítico...


. En relación con las capacidades y habilidades: desarrollo equilibrado de lo emocional y lo cognitivo, explicitar y denunciar conflictos, realizar proyectos conjuntamente con otras personas, tomar decisiones, manejar los mecanismos de participación...


. En relación con los conocimientos: saber cómo funciona el sistema social, conocer sus características en contraste con otros, conocer modelos alternativos, entender los conflictos como algo inherente a la convivencia social....


No se puede avanzar adecuadamente en la participación sin que la metodología cotidiana sea coherente con y favorecedora de lo que se pretende (“a participar se aprende participando”).


La participación de las familias precisa establecer una coherencia entre ellas y el centro educativo, un entendimiento en cuanto a valores, objetivos, experiencias y conocimientos.
La apertura debe ser mutua entre familia y centro. Conocer y admitir las expectativas que ella tiene respecto a la educación de sus hijos e hijas, llegar a percibir que se puede establecer una conexión con el quehacer escolar, que pueden aportar algo. A la inversa, el centro debe hacerla partícipe de lo que pretende, de su manera de trabajar, del sentido de las innovaciones, del progreso o dificultades de sus hijos/as... Las reuniones de nivel, las asambleas y actividades de las Asociaciones de Padres/Madres, los Consejos de Centro, cobran de esta manera su verdadera dimensión y convierten la participación en real.


Los centros educativos y el entorno. Los centros forman parte de la sociedad, aunque a menudo aparezcan como un sistema aislado. Integrarse en el entorno supone:


· admitir que hay que aprender con el resto de la comunidad. Resulta imprescindible acercar a las aulas a las personas de la comunidad que puedan transmitir al alumnado no sólo sus conocimientos, sino principalmente, el sentido de éstos.

. que hay que intervenir socialmente, construyendo y decidiendo colectivamente.

DURANTE:

En la dinámica de hoy hemos realizado una serie de preguntas que nos dictó la profesora, estas son las siguientes:

1.- ¿Cuántos alumnos puede haber en Educación primaria por profesor?
Pueden haber unos 25 alumnos por profesor.

2.- ¿Cuántos profesores debe haber en un centro con 450 alumnos?
En un centro con estas características le corresponde 18 profesores, por cada 25 alumnos.

3.- ¿Cuántas líneas existen en un centro infantil?
Un centro de infantil debe de poseer tres líneas, línea A, línea B, y línea C.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

ANTES Y DURANTE DEL ESPACIO CINEMATOGRÁFICO "LA ESCALA".

ANTES DEL ESPACIO CINEMATOGRÁFICO “LA ESCALA”:

El cine tiene su imagen propia y característica, diferente de otros imágenes, como las de las artes plásticas e incluso las fotográficas, porque la imagen fílmica no acaba en sí misma, exige el paso de una imagen a otra; está en movimiento.

La imagen cinematográfica no es una mera reproducción de la realidad, sino una interpretación y reelaboración de ésta. Ello hace que cada autor, al crear sus imágenes, consigue expresarse de una forma diferente a la de otro autor.

La imagen fílmica está constituida por diversos elementos:

Los esenciales: La escala, el ángulo y la iluminación.

Los integrales: El color, el sonido...

La escala es la relación entre la superficie del cuadro de la pantalla ocupada por la imagen de un objeto determinado y la superficie total del mismo cuadro. Viene determinada por el tamaño del objeto, por la distancia entre éste y la cámara, y por el objetivo usado.

El plano es el conjunto de imágenes que constituyen una misma toma. La planificación es la relación de distancia y tamaño entre la cámara y el motivo. Si tomamos la figura humana como medida, según ocupe una mayor o menor escala en la pantalla, el plano se llama:

Gran plano general, muestra un gran escenario o una multitud. La persona no está o bien queda diluida en el entorno, lejana, perdida, pequeña, masificada. Tiene un valor descriptivo y puede adquirir un valor dramático cuando se pretende destacar la soledad o la pequeñez del hombre enfrente del medio.


Plano general, muestra un escenario amplio en el cual se incorpora la persona, y ocupa entre una 1/3 y una 1/4 parte del encuadre. Tiene un valor descriptivo.


Plano de conjunto, abraza un pequeño grupo de personas o un ambiente determinado. Interesa la acción y la situación de los personajes. Tiene un valor descriptivo, narrativo o dramático.


Plano figura, cuando los límites superior e inferior del cuadro casi coinciden con la cabeza y los pies de la figura humana. Tiene un valor narrativo pero comienza a potenciar el valor expresivo o dramático.

Plano americano (o 3/4). Los límites inferior y superior de la pantalla coinciden con la cabeza y las rodillas de la persona. Tiene un valor narrativo y dramático.

Plano medio. Presenta la figura humana cortada por la cintura, de medio cuerpo para arriba. También hay el plano medio corto (el busto) y el plano medio largo (de la pantorrilla para arriba). Tiene un valor expresivo y dramático, pero también narrativo.

Primer plano. El rostro entero de la persona. Tiene un valor expresivo, psicológico y dramático.

Primerísimo plano. Muestra una parte del rostro o del cuerpo. Potencia los valores del primer plano, aunque que también puede ser meramente descriptivo.

Plano detalle. Muestra un objeto o una parte de un objeto. Puede tener un valor descriptivo, narrativo, simbólico o dramático.


La profundidad de campo es el espacio entre el primer término y el último que se enfocan en un mismo encuadre. Se utiliza como elemento de gran valor dramático y psicológico.




Los objetivos gran angular tienen una gran profundidad de campo y sacan los fondos enfocados, al revés de los teleobjetivos que tienen poca profundidad y por eso sacan fondos desenfocados.
La escena es una serie de planos que forman parte de una misma acción o también ambiente dentro de un espacio y de un tiempo concreto.

La secuencia es una serie de escenas que forman parte de una misma unidad narrativa.

El plano-secuencia es un plano de mucha duración que se convierte por si misma en una secuencia; es una secuencia que se rueda en un solo plano, en una única toma y que conserva las unidades espaciales y temporales.

DURANTE Y DESPUES DEL LENGUAJE CINEMATOGRÁFICO:

En esta dinámica la profesora le asignó a cada grupo una de las partes del lenguaje cinematográfico trabajado en clase sobre la película Ser y Tener. A mi grupo, nos tocó trabajar el tema de la escala; de la cual aporto más información a continuación.

LA ESCALA
El cine tiene su imagen propia y característica, diferente de otras imágenes, como las de las artes plásticas e incluso las fotográficas, porque la imagen fílmica no acaba en sí misma, exige el paso de una imagen a otra; está en movimiento.
La imagen cinematográfica no es una mera reproducción de la realidad, sino una interpretación y reelaboración de ésta. Ello hace que cada autor, al crear sus imágenes, consigue expresarse de una forma diferente a la de otro autor.
La imagen fílmica está constituida por diversos elementos:
Los esenciales: La escala, el ángulo y la iluminación.
Los integrales: El color, el sonido...
"A nuestro grupo la profesora le ha proporcionado la palabra ESCALA para analizar su significado en el ámbito cinematográfico, ponerlo en común en clase y comentar con los compañeros, y para ellos hemos buscado su significado de ésta, el cual se los proporcionamos a continuación:"

LA ESCALA ES LA RELACIÓN ENTRE LA SUPERFICIE DEL CUADRO DE LA PANTALLA OCUPADA POR LA IMAGEN DE UN OBJETO DETERMINADO Y LA SUPERFICIE TOTAL DEL MISMO CUADRO. VIENE DETERMINADA POR EL TAMAÑO DEL OBJETO, POR LA DISTANCIA ENTRE ÉSTE Y LA CÁMARA (escala real), Y POR EL OBJETIVO USADO (escala óptica).
DA INFORMACIONES DISTINTAS SEGÚN EL ENCUADRE UTILIZADO, CONOCER LAS DISTINTAS ESCALAS ES IMPORTANTE PARA SABER DISTINGUIR EL MENSAJE.

- Escala Real: la representan los planos. Son:
· Gran Plano General
· Plano General
· Plano Conjunto
· Plano Entero
· Plano Medio Largo o Americano
· Plano Medio
· Plano Medio Corto o Busto
· Primer Plano
· Primerísimo Primer Plano
· Plano Detalle
· Plano Particular

- Escala Óptica: Viene determinada por el objetivo utilizado. Puede ser:
· Gran Angula
· Teleobjetivo
· Normal

jueves, 8 de noviembre de 2007

ANTES Y DURANTE DE "SER Y TENER".

ANTES DE LA PELÍCULA “SER Y TENER”:


FICHA TÉCNICA:


Director: Nicolas PhilibertTítulo original: Éter et avoirGuión: Nicolas PhilibertProducción: Maia Films, Arte Franco Cinema, Les Films D'ici y Le Centre National de Documentaion PédagogiqueProductor: Isabelle Pailley SandozFotografía: Katell Djian y Laurent Didier (Color)


Montaje: Nicolas PhilibertMúsica original: Phillipe HersantIntérpretes: El maestro Georges López y sus alumnos Alizé, Axel, Guillaume, Jessie, Johan (Jojo), Johann, Julien, Laura, Létitia, Mario-Elizabeth, Nathalie y Olivier
Sección: Vivir rodando


Ciclo: Cosecha 2003
SER Y TENER
Francia 2003
v.o.s.e. / 104 min.


Sinopsis:


Documental acerca de un curso académico en la escuela rural de Saint Etiene sur Usson (Puy-de Dôme), en el corazón de Auverne.


SER Y TENER es un sencillo documental acerca de un curso académico en la escuela rural de Saint Etiene sur Usson (Puy-de Dôme), en el corazón de Auverne. Explicaciones, ejercicios, exámenes, recreos, altercados entre alumnos, alguna excursión... La historia es en realidad un mosaico formado a partir de pequeños fragmentos sin ánimo de sentar cátedra ni establecer teorías, tan sólo de mostrar el día a día en un lugar recóndito donde todo el mundo se conoce y donde la educación apenas cambiará el destino prefijado de los niños, que acabarán heredando el negocio paterno o cultivarán la misma tierra que sus antepasados.

Mientras en la escuela se esfuerzan por aprender la regla del tres o por mejorar su francés, en sus casas conducen tractores, dan de comer a las vacas y se comportan como pequeños hombrecitos y pequeñas mujercitas capaces de realizar cualquier tarea. Sólo a la hora de hacer los deberes vuelven a ser niños de verdad a quienes sus padres les dan algún cachete cuando pierden la paciencia porque no entienden un ejercicio o no les salen las cuentas como debieran.

No hay en las imágenes del film las piruetas intelectuales que uno puede encontrar en algunos de los últimos trabajos de Pedro Costa, José Luis Guerin, Agnés Varda, Isaki Lacuesta, Manoel de Oliveira, Julio Médem, Lars von Trier o Jorgen Leth; a cambio la claridad es absoluta. Sólo De la autre cóte (2002, Chantal Akerman), El fulgor (2002, Ramón Lluís Bande) y The Last Customer (2003, Nanni Moretti) podrían rivalizar en desnudez y precisión con el film de Nicolas Philibert, y también en importancia. Sin embargo, ninguno de los títulos mencionados ha sido estrenado todavía en España, salvo el que es el objeto de estas líneas. ¿Por qué? La respuesta se me escapa.

Podría pensarse que la culpa la tiene el hecho de tratarse de documentales, pero eso no tiene sentido en un momento como el presente, especialmente propicio para el género. Tampoco se trata de films difíciles, así pues habrá que pensar que quizás el problema sea su extrema simplicidad. Después de todo, incluso un documental es bueno que despliegue impactantes efectos especiales, como los de Nómadas del viento (Le peuple migrateur, 2002, Jacques Perrin, Michel Debats y Jacques Cluzaud), o un abundante repertorio de juegos retóricos, como hace Bowling for Columbine (2002, Michael Moore), para conquistar al público con mayor facilidad.

Resulta llamativo que SER Y TENER, un ejemplo de cine transparente y objetivo, tenga tantas cosas que decirle a un espectador, relacionadas muchas de ellas no sólo con la educación, sino también con la vida rural, con los principios de cualquier comunidad humana, con la poderosa relación del hombre con su entorno y, por encima de lo anterior, con el séptimo arte.

Es al mismo tiempo un film en tiempo presente, semejante en ese sentido a algunos trabajos de Frederick Wiseman, y una profunda evocación del pasado y del futuro. Vemos en él el discurrir de las cuatro estaciones, más que para marcar diferencias a lo largo del metraje, para poner de relieve el carácter permanente de algunas cosas. Llueva o haga sol, por ejemplo, los alumnos salen al patio a jugar; llueva o haga sol, el ganado pasta en los campos. Ciertas cosas nunca se interrumpen, entre ellas los ciclos climáticos de la naturaleza, los procesos biológicos, la alimentación de las distintas especies, el estudio, los juegos y el dispositivo del cine.

La cámara marca su presencia en las imágenes del film gracias a la propia austeridad de cuanto se muestra, haciendo visible poco a poco su esfuerzo invisible. Uno es consciente de que detrás de la pureza y la falta de énfasis existe un arduo trabajo de filmación y un no menos laborioso trabajo de montaje. Claro que lo verdaderamente heroico es que el esfuerzo se haya llevado a cabo para realizar un film de futuro incierto, incapaz de luchar contra los grandes espectáculos de Hollywood y en general contra cualquier documental con artillería pesada y trucos de magia.

Algo parecido sucede con muchos documentales televisivos, realizados con una extrema dedicación durante un dilatado periodo de tiempo, a veces años, para ser luego consumidos y olvidados en apenas una hora o dos de emisión. Fueron Lola Mayo y Javier Rebollo quienes me hicieron pensar en lo anterior, al describirme la mezcla de alegría y frustración que ellos mismos sienten cada vez que uno de sus documentales, en los que invierten meses de sus vidas, se pasa por televisión y enseguida puede considerarse muerto.

Los importantes premios recibidos hasta ahora por SER Y TENER quizás no sirvan para darle crédito en la cartelera de los cines. Sería una pena, porque se trata de un film irrepetible. Una obra maestra. Nunca unas imágenes tan concretas habían descrito de forma tan universal las relaciones entre un maestro y sus alumnos. Bastan unos minutos para entrar en materia. El modelo adoptado no es en ningún caso aparatoso. La secuenciación es cronológica, alternando codas exteriores que marcan el paso del tiempo y algunos momentos de los alumnos junto a sus respectivas familias con las clases.

Georges López es el maestro; y Alizé, Axel, Guillaume, Jessie, Johan (Jojo), Johann, Julien, Laura, Létitia, Mario-Elizabeth, Nathalie y Olivier son los alumnos. Parece un dato accesorio recordar sus nombres, pero al final tiene extrema importancia porque es lo que los hace reales y lo que los acerca a nosotros mismos. Queremos saber quiénes son para saber quiénes somos nosotros con respecto a ellos. Al fin y al cabo, no tienen nada que los haga diferentes a los espectadores, por eso es tan sencillo sentirse uno nás en la clase.

De hecho, yo jamás había sentido con tanta intensidad una historia ajena como si fuese la mía propia. ¿Será porque hay en nosotros un niño eterno? Puede. En cualquier caso, este film muestra la eterna gratitud que muchos les debemos a los maestros y profesores que estuvieron a nuestro lado mientras madurábamos y nos hacíamos mayores. Tan importante como la naturaleza para mantenernos con vida, la presencia de quienes contribuyeron a nuestra educación fundó las reglas de la vida en común con otros semejantes y nos dio los conocimientos para integrarnos luego en el mundo.

Salta a la vista que Nicolas Philibert prescindió por completo de los efectos dramáticos para dirigir el film. Cuando una situación puede contribuir a crear una imagen demasiado obvia, se corta. Nada de trucos. Nada de retórica. El impacto del film proviene del inmediato reconocimiento de muchos espectadores en los rasgos más comunes de los niños que aparecen en el encuadre y no en sus cualidades excepcionales, porque ninguno se sale de lo normal. Algo parecido somos nosotros.

Ninguno de los estudiantes que aparecen en SER Y TENER se dirige a la cámara, tampoco sus padres. Existe en todo momento una especie de respeto hacia el proceso que quiere describir la cámara. Esto explica el distanciamiento de los encuadres, en especial cuando algunos de los alumnos llora, y el tempo de cada plano. Aquí no estamos ante un producto dramático, sino ante la vida. Eso explica que a menudo no haya explicaciones con respecto a algunas situaciones. Si un alumno le pega a otro o si una alumna se emociona al hablar con el maestro a final de curso, poco antes de que ella abandone la escuela para irse al año siguiente al instituto, la cámara apenas insinúa lo que ha sucedido y las consecuencias.

También durante la despedida del maestro, cuando queda solo en el aula después de que los alumnos se hayan ido con sus padres para disfrutar de las largas vacaciones de verano, la cámara no se permite crear una situación dramática; es el espectador quien lo hace, porque todo le resulta demasiado familiar. Incluso la música, tan dosificada que casi siempre coge al espectador con la guardia descuidada, tiene una extraña intensidad a pesarde su brevedad. La versión del primer “lied” del ciclo "Canciones para los niños muertos", de Mahler, resulta arrebatadora aparezca donde aparezca, acompañe a la imagen que acompañe, en general codas exteriores en las que un plano general muestra a los niños recorriendo un paisaje o simplemente un prado solitario.

Pocos datos se nos dan sobre las familias de los muchachos. Ricos o pobres, los Chamimbaud, los Dujardin, los Garrido, los Rochés y los Thouverin les serán cercanos a casi todo el mundo, porque casi todos nosotros los hemos conocido con otros nombres. A quien, sin embargo, no conocíamos es al maestro. Por eso él mismo nos cuenta parte de su historia: hijo de un exiliado español, sintió desde muy pequeño la necesidad de ser maestro por sus padres, que fueron trabajadores itinerantes, y por sí mismo. Tenía que pertenecer a algún lugar.

Llegó un día a la escuela donde le vemos al principio de SER Y TENER y allí decidió quedarse durante veinte años. Ahora está a punto de jubilarse. Dentro de un año y medio se irá. Lo importante es que para él esos veinte años, y su vida dedicada a la enseñanza, fue un periodo en el que consiguió arraigar en un lugar concreto, para ver crecer en él a la naturaleza y a sus moradores, para ver cada año a los niños que en el futuro mantendrían aquel recóndito lugar de la Tierra con vida, niños eternos que se renuevan de forma constante, pero que nunca dejan de estar ahí, como nosotros.




DURANTE Y DESPUES DE LA PELÍCULA “SER Y TENER”:


La dinámica que se ha seguido hoy en clase ha sido la proyección de la película “Ser y Tener”, de la cual teníamos que ir contestando a un listado de preguntas que nos dio la profesora, las preguntas son las siguientes:


1. En que tipo de escuela aparece.


2. Tipos de espacio.


3. Tiempos geográficos, meteorológico, …


4. Perfil del profesor, y características de padres y alumnos.

Las preguntas contestadas sobre la película y mis aportaciones se recogen en los siguientes documentos: